• Loreto Barrios

Teoría del Vacío III. Tristeza digital.


En las últimas semanas venimos analizando distintas manifestaciones del doloroso vacío en nuestros jóvenes en torno a lo que venimos llamando la Teoría del Vacío. Muchas veces se concreta en acciones violentas de peleas callejeras, o incluso agresiones físicas a una adolescente por tener muchos seguidores y que esa popularidad despierte en los agresores una angustiosa conciencia de la levedad de su propia importancia. Hoy nos referiremos a lo que algunos expertos han denominado “tristeza digital”, que viene a ser otro aspecto de la misma situación. Los jóvenes (y no tan jóvenes) viven en muchas ocasiones pendientes de los “me gusta” o likes de sus seguidores, del efecto que causan en las redes, de su popularidad como manifestación de su valor. Pero las redes sociales no les proporcionan lo que desean, y esto les lleva a es tristeza tecnológica, asociada a una baja autoestima y frustración.

Depositar el criterio de nuestra valía personal en el hecho de que los demás valoren más o menos nuestro escaparate digital deja la autoestima fuera de nuestro control. Lo podemos explicar con lo que los expertos denominan locus de control interno o externo. Cuando es externo, son las circunstancias exteriores a nosotros (la suerte, los demás…) las que determinan lo que nos sucede, de forma que no merece la pena el esfuerzo personal. Con un locus de control interno el sujeto percibe que tiene control sobre su vida, se esfuerza y es responsable porque de ello depende lo que le suceda.

Obviamente siempre hay circunstancias que escapan a nuestro control; al menos en términos generales podemos decir (sin entrar en palabras mayores acerca del cuidado del planeta), que el clima de un día concreto o un terremoto no dependen de nuestras decisiones, pero hay multitud de elecciones que podemos realizar a diario en lo que denominamos nuestra esfera de influencia, que sí afectan a nuestra vida. En opinión de algunos autores sobre liderazgo y administración, en la medida que trabajamos sobre esta esfera de influencia su tamaño se amplía, por lo que ganamos más y alcanzamos mayores cotas de éxito. Pero esto implica tomar las riendas de nuestra vida, y realmente es más cómodo quedarse en la zona de confort y esperar que las cosas mejoren, así que resulta tentador pensar que “me tienen manía”, “no tengo suerte con esto o aquello”, “los hay que nacen con estrella y estrellados”, y toda una suerte de clichés exculpatorios.

Son muchas las áreas de la vida que debemos cultivar a la vez para considerarnos personas adaptadas y maduras: la familia, el trabajo, la espiritualidad (cualquiera que sea, algunos la relacionan con la creatividad), la pareja, la salud, la situación económica, los amigos, el ocio, el autocuidado… En la medida que conseguimos niveles razonables de estabilidad en todos ellos, si uno falla los otros sirven de sostén mientras te recuperas. Así puedes superar crisis como la pérdida de un ser querido, donde el papel de la red social de apoyo es fundamental. Pero si estas relaciones no están equilibradas, y damos un valor exagerado a una de estas áreas de forma sistemática sobre las demás, la calidad de vida se resiente.

Es lo que sucede con la dependencia de la valoración externa en las redes sociales; si el valor que se le concede es excesivo y no está compensada con una autoestima sólida trabajada en otras áreas de la vida, el vacío que produce la ausencia de reconocimiento externo puede superar el límite de lo tolerable. Así, si son los “me gusta” de los demás los que deciden mi valor, carecer de ellos significa que realmente no valgo, y eso es un vacío insoportable y puede derivar en procesos ansiógenos o depresivos.

Como todo en la vida, el equilibrio está en la mesura. Las redes sociales pueden ser una más de nuestras maneras de relacionarnos con el mundo, y así aportar multitud de beneficios. No podemos olvidar, por ejemplo, el enorme valor de mantenernos en contacto con nuestros seres queridos que están lejos, lo que en el reciente confinamiento ha supuesto una verdadera tabla de salvación para muchos. El desajuste viene por el uso desproporcionado, la dependencia, la falta de valores en otras áreas de la vida, que conducen a dar una importancia desorbitada a las redes sociales. Afortunadamente esto, como todo, se puede trabajar. Igual que los músculos en el gimnasio, nuestra autoestima, nuestros valores, nuestro equilibrio emocional, son algo que podemos aprender y enseñar. No es labor de un día, cierto, es trabajo mantenido, como una carrera de fondo, pero si persistimos, da fruto y hacemos de nuestro mundo un lugar mejor en el ejercicio de nuestra responsabilidad.


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Nota: publicado en El Cierre Digital el 03/08/20 https://elcierredigital.com/salud-y-bienestar/942442502/jovenes-mas-importancia-like-que-personas.html

© 2020 by Loreto Barrios, Ph.D.

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